Las imágenes que recogen los noticiarios de todo el mundo y especial de Latinoamérica, nos recuerda un 11 de septiembre de un nefasto de 1973 en la que los uniformes y las botas acallaron a miles de personas en Chile.
Hoy Honduras nos recuerda con las mismas imágenes y los mismos temores, el perpetuo error que tienen los dirigentes al no poder conversar y llegar a un acuerdo y enquistar aún más a una sociedad que tiene gravísimos problemas económicos y sociales.
Las soluciones del “ordeno y mando” no deben ser tratadas a la ligera por aquellos gobiernos que tuvieran el deseo de llevar estos conflictos a su terreno de juego, ante todo tienen que preservar la libertad y el derecho de decidir los pueblos por si mismos.
Los hondureños quieren vivir en paz, desean que se les proporcione las mismas condiciones y derechos que disfrutamos los europeosy no desean aventuras que recuerdan la muerte, la destrucción, el desarraigo de unos ciudadanos que decidieron y quieren decidir por sí mismos y no por imposiciones internas de oligarquías que siempre están esperando a la más mínima oportunidad para imponer directrices económicas y sociales que todos tienen que cumplir sin la menor queja, pregunta o discrepancia.
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