Los datos del satélite confirman que la banquisa boreal, la capa de hielo que cubre el océano Artico, está a punto de batir un récord de poca extensión.
La desaparición del hielo en las regiones árticas puede ser una catástrofe ambiental, pero al mismo tiempo estimular nuevas rutas comerciales y oportunidades de exploración de petróleo, gas y otros recursos naturales, especialmente por parte de Rusia. Si el paso del Ártico por Canadá está debilitado, en el otro extremo del círculo polar ya ha dejado de ser novedoso la apertura de las vías de navegación en los meses estivales. Desde julio, por ejemplo, se puede transitar entre Murmansk y Vladivostok, desde el Atlántico hasta el Pacífico, con menos de un 15% de hielo en los peores tramos.